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Qué falta hacen las broncas en los toros.
26 Agosto 2026Artículo de opinión de Juan M Quiros
Y cuánto se echan de menos aquellas de los años ochenta, las de Curro y Rafael, cuando salir por la puerta de cuadrillas bajo una lluvia de almohadillas formaba parte, para bien o para mal, del espectáculo. Broncas de verdad. De las que nacían de la exigencia, de la pasión y, muchas veces, de una forma de entender la Fiesta que hoy parece estar desapareciendo.
Llevo tiempo esperando una buena bronca a Morante. Y el pasado lunes, en Cuenca, llegó.
Y bendita bronca.
Porque hacía falta. Muchísima falta.
Hacía falta por la Fiesta, porque el toreo necesita aficionados que protesten, que exijan, que se enfaden cuando un torero no está a la altura. Pero hacía falta, sobre todo, para comprobar cuántos de esos que hoy se autoproclaman morantistas lo son de verdad y cuántos simplemente se subieron al barco cuando navegaba con viento a favor.
Ahora veremos cuántos saben nadar.
Porque en el toreo la memoria es corta. Cortísima.
Se olvida quién tiró del carro cuando la pandemia dejó la Fiesta contra las cuerdas. Se olvida quién se puso delante de encastes que otros ni querían ver de lejos. Se olvida quién toreó en plazas donde las llamadas figuras preferían no aparecer. Se olvida quién sostuvo el tinglado cuando otros estaban cómodamente sentados en casa esperando a que escampara.
Y, curiosamente, se pretende juzgar a Morante como si llevara dos temporadas en esto.
Tiene casi cincuenta años y más de veinticinco de alternativa. Y sigue siendo él quien marca el paso, quien genera conversación, quien llena plazas, quien provoca pasión y odio, admiración y rechazo. Quien consigue que un lunes cualquiera en Cuenca se siga hablando de toros.
Eso debería hacer pensar a más de uno.
Han bastado un par de tardes malas, algún mitin y varias actuaciones por debajo de lo que Morante puede y debe ofrecer para que aparezcan, puntualísimos, los de siempre. Los que llevaban meses esperando detrás de la barrera, con la escopeta cargada, aguardando el primer tropiezo.
Pues ya están aquí.
No seré yo quien niegue lo evidente. Morante puede estar atorado. La temporada puede estar pesándole. Puede que el cansancio físico y, sobre todo, ese enemigo invisible que tantas veces ha condicionado su carrera, su cabeza, no esté ahora mismo en su mejor momento.
Pero una cosa es criticar a Morante y otra muy distinta es intentar reescribir la historia.
Porque a Morante lo cogen los toros.
Y lo cogen porque se pone donde no se pone nadie.
Porque da el pecho.
Porque recoge la embestida delante y la reboza por detrás.
Porque no necesita echar al toro fuera para parecer que lo ha toreado.
Porque su concepto no entiende de atajos.
Y eso, señores, también se paga.
Hay toreros que torean para que no los cojan. Morante, cuando es Morante, torea sabiendo que pueden cogerlo.
Y hay una diferencia abismal.
Ahora resulta que algunos han descubierto que Morante tiene tardes malas. ¡Qué descubrimiento! Bienvenidos al mundo real. Hasta los genios se equivocan. Hasta los elegidos tienen días grises. Hasta los mejores pueden perder una batalla.
Lo que no pueden hacer algunos es esperar veinticinco años para descubrir que Morante no es infalible.
No, señores.
Morante no necesita que nadie le regale nada. Lo que ha hecho delante de un toro está ahí, en la memoria de quienes hemos tenido la fortuna de verlo.
Y yo seguiré esperando.
Esperándolo ayer.
Esperándolo hoy.
Y esperándolo mañana.
Porque hemos tenido la inmensa fortuna de coincidir en el tiempo con un torero irrepetible. Con uno de esos hombres que aparecen muy de tarde en tarde y que cambian para siempre la manera de entender una profesión.
El que quiera discutirlo, que lo discuta.
El que quiera negarlo, que lo niegue.
Pero tendrá que hacerlo después de explicar qué torero de su generación ha provocado, durante más de un cuarto de siglo, todo lo que ha provocado Morante.
Y entonces hablamos.
Porque quizá algunos necesiten una buena bronca para recordar quién es Morante.
Pero otros necesitamos simplemente que vuelva a ponerse delante de un toro.
Y que vuelva a hacer aquello que solo él sabe hacer.
Don José Antonio Morante Camacho.
Morante de la Puebla.
Y sí: para mí, el mejor torero de la historia.
Juan M Quiros
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